En esta obra tiene como peculiaridad la subjetividad compartida. A nivel conceptual sigo la teoría modal del filósofo español Jordi Claramonte y el proceso en su relación con el espectador, el ente social sigue sustentando la carga estética. A continuación adjunto parte de la entrevista que realicé para el blog de arte “Arte a un click” con el que colaboré para llevar a cabo la obra. En las siguientes líneas adjunto la entrevista original, sin corrección por parte de los editores.

Cómo surge la idea de realizar concretamente una revisión de un cuadro como Jesús entre los Doctores?

Este trabajo nació gracias a la influencia que hoy en día ejercen las TIC (Tecnologías de la información) en el mundo de la cultura y la creación. Es lo que se conoce como un proyecto web 2.0.

La idea de re-visitar este cuadro en concreto no fue mía. Fue de José Luis Tascón, más conocido en las redes como @DigitalBourne. Un día me contactó a través de Twitter, me dijo que había conocido mi trabajo en internet, habiendo quedado gratamente sorprendido. Por lo que recuerdo, me dio a entender que había asistido a una conferencia en el museo Thyssen de Madrid donde se analizaron en profundidad los elementos simbólicos de la composición y el carácter conceptual de la misma, despertando en él una curiosidad y admiración especial. No sé si había sido la primera vez que se acercaba a la obra de arte de esta forma, el caso es que le había marcado profundamente, lo suficiente como para animarse a escribirme y proponerme que hiciéramos una revisión de la misma ya que, viendo mi trabajo, pensaba que era el fotógrafo indicado.

En un principio yo no tenía ningún interés en reproducir la obra de Durero y mucho menos de forma literal. Cuando me acerco a obras de arte del pasado lo hago porque necesito rescatar algo que me ayude a escribir en el presente y eso suele ser a nivel compositivo, cromático, simbólico o similares. Los sentimientos que llevaron a materializar esa obra de arte yo no puedo usarlos 510 años después. No me estimulan para hacer una nueva obra de arte. El trabajo de Durero, a priori, no me interesa más allá de un punto de vista didáctico. Por el contrario, lo que sí me interesa, y mucho, son las personas. En especial nuestros sentimientos, o lo que denomino motores a la hora de generar un movimiento, de crear. Por eso, de primeras, no le dije que no a José Luis, ya sólo la forma en que había sucedido todo merecía mi atención. Accedí a que habláramos por teléfono y cuando le escuchaba prestaba especial atención a sus palabras, analizando los tonos de voz minuciosamente. Hace años aprendí la lección, suelo tener especial cuidado con quien meto en mi vida, sé que la puede poner patas arriba en un santiamén.

Escuchándole pude percibir, su ilusión, entusiasmo y respeto, añadido a la prudencia con la que se dirigió a mí. Tuve la sensación de que su motivación no iba más allá del afán de experimentación y la necesidad de crear algo, sin más ambición que la satisfacción personal y el deseo de agradar a los demás proponiendo un juego. Sin estos elementos no le habría prestado el menor interés, ni a José Luis, ni a la obra de Durero, que, por cierto, ya había trabajado con ella.

Pocas personas saben, o se han fijado, en los cuadros que tengo en la fotografía que resume la intervención que hicimos en el museo Thyssen “El día de mañana”. Una de las cosas que pedí, ya que tenía muchas limitaciones técnicas a la hora de elegir la sala para trabajar, fue que me dejaran mover los cuadros que quería a la sala principal. Me dijeron que eso no podía hacerse por la dificultad y los riesgos que entrañaba. Los protocolos de seguridad son muy estrictos. Así y todo, accedieron a facilitar reproducciones en alta resolución de los cuadros para que pudiera colocarlos posteriormente. Las obras eran importantes, por eso elegí un museo para ese trabajo. Me gusta amalgamar todo. Seleccioné cuadros en los que el autor fuera un referente en la historia del arte, en los que la obra trabajara sobre aspectos morales con una fuerte carga simbólica. Uno de esos cuadros fue “Jesús entre los doctores”.  Aunque apenas puede apreciarse, si se analiza con detenimiento se ve la obra mencionada. Está en la pared que queda en el fondo, la del número 28 a la derecha de la composición, detrás del grupo de personas de negro que miran hacia la ventana.

Estos aspectos que acabo de describir antes de desviarme con la aclaración del trabajo de “El día de Mañana”, me gustan. Los considero la base y casi siempre forman parte de mis trabajos. Aunque normalmente parto de mi propia subjetividad a la hora de empezar un proyecto, vi interesante ayudarme de la pasión de José Luis para crear. Es más, pienso que hubiera sido mezquino por mi parte haberla desperdiciado. Además, los sentimientos que percibí pertenecen al grupo de los que denomino como puros, con lo que entendí que podían servir perfectamente, como así ha sido, para crear algo bello. Así que le dije que me interesaba el proyecto y que haríamos la foto. A mi manera, por supuesto, pero se llevaría a cabo. No pusimos fecha y ahí quedó la cosa.

Meses después cuando a través de la artista Irene Cruz conocí a Mila de “Arte a un click”, me propuso participar en Jääl Photo barajándose la posibilidad de intervenir en la habitación. Me dí cuenta de que los dos proyectos encajaban y se complementaban a la perfección.

Uno de los componentes más importantes en mi trabajo es la colectividad, junto a las relaciones interpersonales. Creo que es muy importante a nivel social y lo utilizo para crear, tal y como hice en este caso. Utilicé las sinergias que me circundaron, poniendo mi entorno social en contacto y activándolo para llevar a cabo el proyecto. Usé como pretexto el estímulo inicial de José Luis, que quiso re-visitar “Jesús entre los doctores” de Durero.

Es así, en líneas generales, como surgió la idea.

¿qué te llama la atención de esta obra?

Como he dicho anteriormente, a priori no me llamaba especialmente la atención. Surgió esta como podía haber sido cualquier otra. Sólo necesitaba una excusa y casi cualquiera es buena para hacer una obra de arte.

Si es cierto que, después de haber tenido que dedicarle tanta atención, me ha despertado el interés y ha puesto mi atención en varios puntos.

Como ya he dicho en otras ocasiones, me interesan mucho en las obras de arte las personas que las hicieron, cuáles fueron sus motivaciones y cómo, a través de ellas,  la obra resultante consigue plasmar su interior e influir en los demás. Me gustan mucho las obras de arte que me dejan ver eso.

Me gustan las obras de los que se mojan, con sentido y con causa.

Podría parecer anticuado, pero sigo opinando que el papel del autor es imprescindible en la obra de arte. Aunque también opino que tendemos a mitificar, exagerando en algunos casos, su valor. Todavía seguimos necesitando a los héroes y a los dioses. La posición del autor en la jerarquía de la obra puede ser modulable y merece una revisión profunda, !pero de ahí a que desaparezca¡. También me gustan mucho las obras de arte que enfatizan  el hecho de que todos somos susceptibles de ser autores ayudándonos a ser conscientes de las ventajas y responsabilidades que ello ofrece a nivel vital. Por eso, las obras que anulan en exceso al autor me gustan más bien poco, hasta el punto de que hay algunas que me dejan frío.

A veces contemplando una obra excesivamente fría me han venido a la cabeza fotogramas de la película “Baraka” de Ron Fricke. Concretamente la parte en la que graba una cadena de producción avícola. Se ven a los pollitos recién nacidos dando tumbos por las tuberías metálicas y las cintas de distribución hasta llegar a su terrible destino, al son de una estruendosa música mecánica. Esos animales, en su corta existencia, no se han cruzado en ningún momento con otro ser vivo, y si lo han hecho ha sido completamente traumático. No les dejamos el más mínimo sosiego. Muchas veces he intentado reflexionarlo con múltiples argumentos y justificarlo de forma racional. Pensando, por ejemplo, que es necesario para alimentar a un mundo hambriento, etc. Pero dónde están esas máquinas de triturar pollo se tiran millones de toneladas de comida al día, y donde verdaderamente hay hambre no las ponen. Además, hace ya tiempo que algunos filósofos vienen advirtiendo de que movernos por donde ordena el capital nos iba a hacer más pobres, algo que ya se está viendo. El empobrecimiento es real y a muchos niveles, casi endémico en algunas regiones. En algunas personas es casi espantoso comprobar las consecuencias y los efectos perversos ocasionado a sus vidas.

Lo cierto es que no entiendo nada, como cuando miro esas obras frías. Algunas han llegado a hacerme sentir extraño hasta el punto de que en ocasiones he llegado a pensar que el autor lo que pretendía era tomarme por tonto. Una vez incluso llegué a sentirme como la última vez que pisé una oficina de Caja Madrid allá por el año 2010. Me vi obligado a cerrar la cuenta que en ella tenía porque me dio la impresión de que allí todos estaban compinchados para engañarme. Mira por donde, años más tarde, resultó ser verdad. Por desgracia nos cuestan demasiado caro esas actitudes tan de moda en la sociedad.

Tampoco me convence en su totalidad la visión Kantiana que postula que la obra de arte, para considerarse como tal, debe provocar emoción desde el principio. Mucha de la producción contemporánea gira sobre este concepto. De hecho algunas de mis obras producen esa emoción inicial. Algunos conceptos Kantianos, como la obra de arte según el gusto o la obra de arte según el genio, aparecen en esta re-visitación. Lo explicaré más adelante. Aún así, algunas interpretaciones de la teoría estética Kantiana no me acaban de convencer. Pienso que hay magníficas obras de arte que no consiguen provocarnos esa emoción a primera vista y si lo hacen esto no es suficiente. Tiene que haber algo más. Por ejemplo, las hay que su impacto es a posteriori, una vez que ha entrado en juego la razón. Ese sería el caso de “Jesús entre los doctores”, impactando emocionalmente a José Luís 500 años después de haber sido producida, y ya habiendo adquirido los elementos de juicio necesarios.

Una vez que he dejado bien clara mi postura previa me apetece abordar más en profundidad un razonamiento en torno a la obra de Durero. Deseo dejar claro, antes de empezar, que es en base a mi propio criterio individual, no debiendo ser considerado como un análisis formal, más aún cuando los conocimientos que poseo son limitados y subjetivos.

Por un lado me gustan las obras de autores que, por decirlo así, “se mojan”. Creo que Durero se “mojó”, y mucho, con este trabajo, haciendo una fuerte crítica a una o a varias personas. Me llaman mucho la atención los elementos que utilizó para ello.

A nivel compositivo me inquietaba la numerología. Son 7 personajes. En una de las inscripciones alude a que tardó 5 días en concluir la obra. Son números con una fuerte carga simbólica dentro de la  la tradición judeo-cristiana. No están elegidos por casualidad o necesidad compositiva. El famoso juego de manos que ocupa el centro de la composición es otra parte del cuadro que no deja indiferente. No creo que el hecho de que ocupe el centro de la composición sea lo verdaderamente importante; es más, considero que es una necesidad técnica al componer por tercios y querer que Jesús sea el hilo conductor. Es lógico que lo colocara en el centro y que las manos ocupen el centro del quinto cuadrante, así como que empezara el dibujo por ellas. Van a marcar el resto de las proporciones. Sin embargo  creo que lo destacable no es tanto la posición que ocupan como la forma que tienen. Yo las miraba reiteradamente y pensaba. “ ¡qué manos más feas! ¡qué manos más feas!, ¡qué forzados están los dedos y que desproporcionadas.! “. ¿Esto por qué?. Parece que descaradamente está simulando un cuadrado. Además, lo refuerza cromáticamente con el resto de elementos. ¡Ya está! Las manos que simbolizan la capacidad de construir de los seres humanos formando un cuadrado: alegoría de la creación en la tierra. Además, todos los personajes, menos Jesús y otro, son bien feos. Por aquel entonces el uso del feísmo, sobre todo en la tradición pictórica del norte de Europa, estaba asociado con la maldad. Las manos creadoras en la tierra, como elemento principal del primer pasaje bíblico donde aparece Jesús dando lecciones a los sabios. Durero pinta  a los sabios con una fealdad bien evidente. He aquí una severa lección. Otro elemento que me llama mucho la atención es que todos son feos menos uno, que lo observa con gesto complaciente, casualmente el único que tiene el libro cerrado. Del libro sale el pedazo de papel con la firma de Durero. Como curiosidad señalar que la firma había sido tapada. Siglos más tarde, durante una restauración, la descubrieron. Alguien se había esforzado en ocultar su autoría. El resto de personajes están dispuestos como queriendo rebatir lo que ya está escrito. La propia naturaleza del carácter divino se desvela de forma natural siendo observado con detenimiento y aptitud. Otro elemento curioso es el anciano con el que compone las manos, el más feo de todos. Su gesto es benévolo. Da la impresión de encontrarse en éxtasis al poder compartir con Jesús la sabiduría de la Creación.

Cronológica y geográficamente se aportan más datos que concuerdan con una posible discordancia entre su lugar de residencia y el de trabajo. La obra fue pintada  en Venecia a principios del cinquecento, en pleno apogeo del renacimiento italiano, con la iglesia de Roma fuerte, dictando las normas estilísticas, Durero procedente del Norte de Europa, era simpatizante de Erasmo de Rotterdam y Lutero. Con la reforma protestante avanzando y su consiguiente repercusión en las artes por medio de las ideas del movimiento religioso reformista de la” Devotio Moderna”, la situación era compleja.

Mi impresión es  que algún sector de la sociedad Veneciana estaba atacando su trabajo de forma que utilizó esta obra para defenderse de las críticas. Sea como sea, lo hizo magistralmente. Una auténtica lección.

Jesús entre los doctores de Alberto Durero.

La fotografía se realizó en un lugar bastante distinto al que estás acostumbrado ¿qué medios técnicos utilizaste?

La verdad es que he perdido la costumbre de trabajar en ningún sitio. Trabajo donde sea necesario. Una cosa sí tengo clara: intentar obtener lo mejor de cada espacio. A nivel técnico es todo muy sencillo dado que los presupuestos que tengo para producción son muy modestos: una cámara digital antigua, pero de buena calidad, con su trípode y dos autopol. Para sustentar el equipo de iluminación utilizamos fluorescentes y esticos para modelar la luz.

Los “modelos” que posaron fueron los propios visitantes de la feria ¿qué supuso para ti trabajar con gente inexperta en esas lides?

Hace ya mucho tiempo que no trabajo con modelos profesionales. En todas mis producciones hay familiares, amigos, amigos de amigos, gente que ni siquiera conozco o acabo de conocer tal y cómo es el caso de esta producción. Está claro que entraña complicaciones pero también es uno de los aspectos importantes a nivel conceptual  que le aporta más valor al trabajo.

En este ejemplo en concreto, al formar parte del proyecto Natura que se desarrollaba en las instalaciones de Jääl Photo, si era importante el hecho de  que los participantes, o parte de ellos, fueran visitantes de la feria con el deseo de participar. Realmente casi siempre trabajo con desconocidos. Es difícil, no te voy a decir que no, pero tengo una metodología de trabajo que ha funcionando muy bien hasta el momento.

Para mí el verdadero reto es conseguir personas  de lo más heterogéneo, sin importar su condición, etnia, sexo, nacionalidad, edad o estatus social. Que consigan relajarse, se abran, se hagan cómplices entre ellos y se impliquen en un proyecto común de pretensión artística. Es a lo que me refiero con que la gente me da cuando me preguntan cómo consigo hacer esos retratos grupales.

Es muy bonito ver cómo van integrándose y se vuelven cómplices. Para ello soy muy prudente, respetuoso, tranquilo, etc.  Antes me salía de forma espontánea, llegaba a esto a través de otras vías, pero cada vez me focalizo más en ello e investigo de forma más consciente y con más experimentación. Lo denomino patrones estéticos. Para mí es en este punto donde reside gran parte de la obra de arte, y donde, a nivel conceptual, podrían entrar en juego algunos aspectos muy interesantes de la teoría estética de Kant , en concreto  el trabajo “La obra de arte según el gusto, la belleza natural”. Como decía Greenberg, todo lo relacionado con los seres humanos forma parte de la naturaleza. Las interacciones que realizamos no tienen un fin en sí, más allá del de la propia obra de arte, el arte por el arte (evidentemente con amplísimas matizaciones sobre este crítico). Lo interesante es que tampoco se bloquean actividades paralelas de otra índole que puedan generarse a través de ésta. No es un proceso aislado (policontextualidad). La experiencia estética y de belleza así practicada es muy enriquecedora.

…La naturaleza que da lugar a un juicio de gusto puro es una naturaleza despojada de cualquier valor de uso y también de cualquier valor cognoscitivo o moral. El objeto artístico idóneo para el juicio de gusto, así presuponga un concepto a la base de su creación, ha de ser lo más cercano posible a la naturaleza así definida: “Así, pues, la finalidad en el producto del arte bello, aunque es intencionada, no debe parecer intencionada, es decir, el arte bello debe ser considerado como naturaleza, por más que se tenga conciencia de que es arte” ….
….para Kant la forma de la conexión de las sensaciones ha de ser armónica o melódica, y en el libre juego de las facultades de representación existe como condición la de que “en ello no sufra el entendimiento ningún choque” …
Extraído de: LA OBRA DE ARTE EN LA TEORÍA ESTÉTICA DE KANT ^ Lisímaco Parra

Veo que has intervenido la fotografía, nos explicas por qué y cómo has llegado al resultado que ahora se expone?

La he intervenido por varios motivos.

Aunque mi trabajo casi puede ser una performance donde los espectadores acaban realizando la obra.

En mi trabajo es importante el formalismo tambien. Como el trabajo tiene una componente de improvisación muy grande, no siempre puedo controlar todos los aspectos como me gustaría y para eso la pintura, u otras técnicas gráficas, me vienen muy bien; me dejan intensificar la atención en algunas zonas o reducirla en otras. Por otro lado, complementa mis últimos trabajos que también  he intervenido.

Con la intervención creo que refuerzo el concepto de obra de arte según el genio.

… En la sección anterior hablábamos de un “tipo ideal” de obra de arte para el gusto; la perfección en una consistía en que, siendo arte, parecía no arte, es decir, naturaleza. El “tipo ideal” de obra de arte para el juicio según el genio enfatizará, aún a costa de arriesgar la apariencia, sus características de producción “artificial’ humana: “Su causa productora ha pensado un fin al cual debe su forma” …
Extraído de: LA OBRA DE ARTE EN LA TEORÍA ESTÉTICA DE KANT ^ Lisímaco Parra

 

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