Victoria alada de Samotracia / Winged Victory of Samothrace

El género del retrato como lo entendemos en la actualidad, comienza a desarrollarse hacia el siglo IV a.C. entre los años que enlazan el Clasicismo Griego con el Helenismo. En aquel periodo surgieron varias escuelas escultóricas, entre las que bajo mi punto de vista destaca notablemente la escuela de Rodas.

Rodas fue una ciudad con puerto marítimo, que la dotó de gran dinamismo económico y comercial, propiciando el intercambio cultural. Pero creo que la verdadera clave para su atribución artística, fue mantenerse al margen  de los grandes reinos del momento, apartando las guerras y disputas internas de poder, resultando en un largo periodo de paz y prosperidad. Que dieron como fruto importantes aportaciones artísticas tanto plásticas como conceptuales.

Algunas de esas aportaciones, se pueden distinguir en parte de mis trabajos, como son la compleja ambientación escenográfica, que dotó a los elementos paisajísticos de una nueva dimensión y la creación de un tipo de retrato realista de simples ciudadanos, alejado de un arte al servicio del poder.

Especialmente este último atiende a un ideal muy moderno, pero tan antiguo como la propia historia de la humanidad. Que refleja el desarrollo igualitario de las personas, siendo de alguna manera un precursor de lo que posteriormente fueron las bases de la revolución francesa, liberté, égalité, fraternité. Que marcaron el desarrollo social que conocemos en la actualidad.

Estas aportaciones artísticas reflejan y evidencian la importancia de la estabilidad para el buen desarrollo del ser humano, cuando estamos tranquilos, seguros y protegidos nos acercamos a la mimesis.

Paradójicamente la ciudad de Rodas fue destruida por un seísmo. Posiblemente era demasiado pronto para la humanidad.

Esta imagen que contemplamos homenajea una obra cumbre de las historia del arte. La Victoria alada de Samotracia, una de las pocas aportaciones que conservamos de ese periodo y emplazamiento geográfico.

Por increíble que parezca, casi 2300 años después. Esta pieza, o lo que queda de ella, se encuentra en Francia, más concretamente en el Museo del Louvre de la ciudad de París.

Texto de Pablo Lecroisey